Santísima Trinidad (B) (Id=373)

 

Primera Lectura

El Señor es el Dios del cielo y de la tierra, y no hay otro

Lectura del libro del Deuteronomio
4, 32-34.39-40

En aquellos días, habló moisés al pueblo diciendo:
"Pregunta, si no, a los tiempos pasados que te ha precedido, desde el día en que Dios creó al hombre en la tierra: ¿Se ha visto jamás algo tan grande, o se ha oído algo semejante desde un extremo a otro del cielo? ¿Qué pueblo ha oído la voz de Dios en medio del fuego, como la has oído tú, y ha quedado con vida? ¿Ha ha habido un dios que haya ido a buscarse un pueblo en medio de otro con tantas pruebas, milagros y prodigios en combate, con mano fuerte y brazo poderoso, con portentosas hazañas, como hizo por ustedes el Señor su Dios en Egipto ante sus propios ojos?
Reconoce, pues, hoy y convéncete de que el Señor es Dios allá arriba en los cielos y aquí abajo en la tierra, y de que no hay otro. Observa sus leyes y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en la tierra que el Señor tu Dios te da para siempre".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 32, 4-5.6 y 9.18-19.20 y 22

Aclamen, justos, al Señor.
Beátus populus, quem elégit Dóminus in hereditátem sibi.

La palabra del Señor es sincera, todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, el amor del Señor llena la tierra.
Aclamen, justos, al Señor.
Beátus populus, quem elégit Dóminus in hereditátem sibi.

La palabra del Señor hizo el cielo, el aliento de su boca, todas sus estrellas. Pues él lo dijo y se hizo todo, él lo mandó y así fue.
Aclamen, justos, al Señor.
Beátus populus, quem elégit Dóminus in hereditátem sibi.

El Señor se fija en quienes lo respetan, en los que esperan en su misericordia, para librarlos de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
Aclamen, justos, al Señor.
Beátus populus, quem elégit Dóminus in hereditátem sibi.

Nosotros esperamos en el Señor, él es nuestro socorro y nuestro escudo. Que tu amor, Señor, nos acompañe, tal como lo esperamos de ti.
Aclamen, justos, al Señor.
Beátus populus, quem elégit Dóminus in hereditátem sibi.

Segunda Lectura

Ustedes han recibido un espíritu de hijos en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8, 14-17

Hermanos: Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Pues bien, ustedes no han recibido un Espíritu que los haga esclavos, para caer de nuevo en el temor, sino que han recibido un Espíritu que los hace hijos adoptivos y nos permite clamar: Padre.
Ese mismo Espíritu se une al nuestro para juntos dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, siempre y cuando ahora padezcamos con él, para ser luego glorificados con él.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Al Dios que es, que era y que vendrá.
Glória Patri, et Filio, et Spiritui Sancto, Deo qui est, et qui erat, et qui venturus est.
Aleluya.

Evangelio

Bauticen a las naciones en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo
28, 16-20

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, lo adoraron; ellos que habían dudado. Jesús se acercó y se dirigió a ellos con estas palabras:
"Dios me ha dado autoridad plena sobre cielo y tierra. Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautízenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

Se dice "Credo".